Te confieso que yo creo en la magia. Y no de manera burda, no en los trucos ni los juegos de manos. Creo en algo más profundo, algo que hace que pasen cosas increíbles, que consigamos proezas asombrosas. Como la música, por ejemplo. Como una historia impresionante hecha de las mismas palabras que llevamos usando toda la vida, que combinadas de cierta manera nos ofrecen un relato que nos emociona. Como un cuadro pintado con millones de pinceladas minúsculas. Hay magia en el mundo, igual que hay música. O palomitas de maíz. Siempre que las preparo me imagino a la primera...

¡Hola! Ya estoy otra vez por aquí. Esta vez con un poco de ganchillo en círculo. Siempre es un placer hacer estos posts. Y no, no sólo por el hecho de escribirlos, sino por el momento de programarlos, de reunirnos, de pensar en ideas nuevas, frescas, y sobre todo útiles para ti. Últimamente te he estado contando todas las cosas que me hubiera gustado saber al principio, cuando empecé a tejer y a crochetear…  cuando me metí en este mundo de los hilados. Pero al mismo tiempo supongo que te gusta ir practicando, probando las ideas que vemos, mezclando texturas...

Cuando yo era pequeña, los ñoquis del 29 eran una institución. Y es que mi familia es uruguaya, de raíces italianas, así que las tradiciones de la mesa son casi sagradas. Y no, los ñoquis no son esas bolitas duras que se pueden comprar en una bolsa en la sección de refrigerados del supermercado. Qué va. Los ñoquis son suaves y ligeros porque son muy laboriosos y van precedidos obligatoriamente de una sesión de cocina larga y llena de nubes de harina por todas partes. Es decir, parte del sabor de los ñoquis es pasarte varias horas preparándolos con cariño y...

Me has pillado. Me encanta el Martini. De hecho, hasta que probé los margaritas y los mai tais, el Martini era mi bebida. Bueno, y la caipirinha también, pero eso no cuenta, porque mi madre hace unas caipirinhas de escándalo y fue casi la primera bebida que probé. No sé qué tiene el Martini, si es porque lo bebe James Bond o porque las copas son preciosas, pero lo cierto es que automáticamente nos parece que nos viste. Una copa de Martini en la mano y te sientes capaz de cualquier cosa. Hasta de ir al gimnasio. Y te parece que...

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