No todas tenemos la suerte de estar en la otra punta del mundo disfrutando de la aventura americana. Algunas nos seguimos levantando en Barcelona todas las mañanas y nos preguntamos cómo debe ser vivir en una cultura tan diferente, que a la vez conocemos tan bien por su implacable colonización cultural. Y, no te voy a engañar, yo soy de fiestas nuestras. Me gustan las tradiciones locales, porque me parece que nos cuentan quiénes somos. Y porque cuando viajo me gusta saber qué hace la gente y por qué. Creo que el mundo sería muy aburrido si todos celebrásemos lo mismo...

Tenemos nueva colaboración de lujo. Hemos convencido a Sònia para que venga de vez en cuando a compartir con nosotras algunas de las delicias que salen de su cocina. Porque todo lo que sale de esa cocina es una maravilla, damos fe. __________ Los panellets son unos de los dulces catalanes más típicos de esta época (¡y de los más ricos y calóricos!). Los hay de mil tipos, formas y colores y hay recetas para todos los gustos. Los niños los preparan en el colegio junto a los boniatos asados, las pastelerías los venden a peso y en los millones de puestos callejeros...

Hace unos meses me compré un guante de crin en una de esas tiendas que venden productos naturales no testados en animales. Una de esas tiendas en las que todo está hecho con cosas de muy lejos: el cacao es de Madagascar, la miel es de abejas tibetanas y el barro es de los volcanes guatemaltecos. Vamos, que me costó un riñón. Y aunque lo uso religiosamente todos los días y estoy encantada con él, cuanto más lo miro, más tonta me siento, porque el guante de crin es, en sí mismo, una tontería mayúscula. Los hay más complicados, pero...

Seguimos con nuestra cruzada particular. Sí, sí, ya sabes, la de vaciar los contenedores y aprovechar todo lo que tenemos en casa para poder hacer DIY buenos, bonitos y sobre todo, baratos. La de dejar de tener un alijo peligroso guardado en un armario. Sí, ese alijo, ese que casi se te cae encima cada vez que abres la puerta para sacar la plancha o el taladro. Y es que no hace falta empeñar un riñón para comprar material de manualidades, ni hacer pedidos a la otra punta del mundo. Lo único que necesitas es mirar con un poco de cariño...

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