Hace unos meses me compré un guante de crin en una de esas tiendas que venden productos naturales no testados en animales. Una de esas tiendas en las que todo está hecho con cosas de muy lejos: el cacao es de Madagascar, la miel es de abejas tibetanas y el barro es de los volcanes guatemaltecos. Vamos, que me costó un riñón. Y aunque lo uso religiosamente todos los días y estoy encantada con él, cuanto más lo miro, más tonta me siento, porque el guante de crin es, en sí mismo, una tontería mayúscula. Los hay más complicados, pero...

No, no podemos estar todo el año tumbadas en una playa caribeña con un mojito en una mano y...

Ah, la bañera. La piscina de los pobres, el jacuzi del pueblo llano. La masa de agua con la que nos conformamos hasta que nos toque la lotería o nos liemos a estafar como la otra mitad del país. La bañera. No, no la llenamos a menudo para no acabar con el agua de los pantanos ni causar otras hecatombes ecológicas, pero de vez en cuando nos damos un capricho, abrimos el grifo a tope y le ponemos aunque sea un buen chorro de gel para que eso haga espuma y nos dé la sensación de estar en un spa de...

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