Cómo crear monográficos, cápsulas o colecciones

Si eres como yo, a veces el cerebro se te desborda. Hagas lo que hagas, es imposible contenerlo. Llega entonces el torrente, la incontinencia o la tormenta de ideas y no sabes por dónde cogerlos porque se te escapan de las manos. Y ahí es cuando te planteas que todo eso no se puede plasmar en un solo libro y empiezas a intentar organizar tus ideas para publicar diferentes monográficos o cápsulas.

Esto también es habitual entre la gente que hace proyectos, como los de punto, y tiene que concentrar sus ideas para sacar diferentes colecciones.

Y aquí viene el terror, el sudor frío y las ganas de meterte en la cama hasta que sea 2025. Porque ¿por dónde empezamos?

Como se crea un monográfico o una colección

Con el tiempo, esto se vuelve un trabajo bastante intuitivo, pero puede que las primeras veces te cueste organizarte. Si eres de aprendizaje lento, como yo, puede que sean las primeras cincuenta veces.

Todo dentro de un monográfico, cápsula o colección debe tener relación con un solo concepto. Y ya sé que es obvio, pero no es tan fácil como parece.

Las primeras veces que intentamos organizar un monográfico, tenemos tendencia a intentar añadir cosas. Muchas cosas.

Por ejemplo, yo podría escribir un monográfico sobre cómo crear la portada perfecta para tu libro. Un tema muy delimitado y muy preciso. Pero enseguida empezaría a pensar que quizás deba explicarte cómo hacer un documento maestro de diseño para que la maquetación de todo el libro siga el mismo estilo. Y luego a lo mejor se me ocurre que mejor explicarte cómo escoger un buen título que te dé juego para crear una portada más interesante. O que te puedo hablar de tres o cuatro principios de tipografía para que escojas mejor el tipo de letra.

Todo eso es interesante, por supuesto, pero no tiene cabida en mi monográfico. Porque lo que tú quieres es aprender a hacer una buena portada. Y aunque todo ese conocimiento te puede ayudar a tomar mejores decisiones, también te puede liar y abrumar y puedes acabar pensando que soy una rollera y que todo eso es demasiado y que mejor te tomas otra cerveza y te comes un paquete entero de patatas fritas sabor pollo asado porque te estoy agobiando.

Divide y vencerás

La cuestión es que tienes que aprender a seleccionar muy bien la información que vas a incluir. No todo vale.

Para eso es básico que sepas, como siempre, a quién va dirigido tu monográfico. ¿A alguien que quiere aprender todos los básicos del diseño gráfico? Seguramente no. Solo al que quiere aprender cómo hacer una buena portada para el libro que está a punto de publicar.

El resto de información complementaria que se te ha ocurrido es oro, no la descartes. Reúnela en una pequeña libreta para sacar otro monográfico más adelante, ¿por qué no? Quizás puedas hacer una pequeña colección de monográficos o cápsulas que cubran todos los aspectos de tu tema.

Por ejemplo, yo podría luego hacer otro monográfico sobre básicos del diseño para que tu maquetación siga el mismo estilo, sobre cómo escoger un buen título o sobre principios de tipografía para escoger el mejor tipo de letra para tu libro. Y sacarlos en una colección con un diseño bonito que te ayude a saber cómo y dónde buscar la información.

Nadie tiene tiempo

Esto es un poco triste, pero es cierto: tus lectores no tienen tiempo ni ganas de leer largas obras de referencia. Si buscan un monográfico es porque quieren todos los conocimientos ordenados y bien explicados. Y eso es lo que tienes que ofrecerles.

Dales lo que quieren leer y no te extralimites. Valora su tiempo y sus necesidades y amóldate exactamente a eso.

Ordena la información

Siempre, siempre, recomiendo empezar un libro con lápiz y papel. A lo mejor es porque no soy millenial del todo (¡casi!) pero creo que lo mejor es escribir los conceptos y organizarlos de manera visual.

Puedes escribir los temas de los que quieres hablar en pequeños pedazos de papel o en post-its y moverlos, agruparlos o descartarlos hasta que encuentres un índice que te funcione y te guste.

Prueba y juega. ¿Cabe todo lo que se te ha ocurrido en ese monográfico? ¿No? Descarta ideas, añade otras. Piensa en lo que necesita tu lector y crea un índice de contenidos perfecto para él.

Diseña para el consumo rápido

Hora de la confesión: detesto muchos, muchos monográficos.

En general, por muchos motivos (el autor no para de hablar de sí mismo y de decir que enseguida nos cuenta el truco secreto para tal o tal, hay un montón de paja, el autor presume) pero hay uno que hace que quiera prenderle fuego a internet: los monográficos mal diseñados.

Y es que gran parte del éxito o el fracaso de un monográfico lo marcan la presentación y el orden del contenido.

Ya hemos ordenado el texto de la mejor manera posible. Ahora de lo que se trata es de que se note que está muy bien ordenado.

Cuando pensamos en diseño, casi todos pensamos en cosas vanguardistas e interesantes, como si el diseño fuese solo una cuestión estética. Pero no es solo eso. El diseño es, sencillamente, una jerarquía, un orden, una manera de colocar las cosas para que sean útiles y agradables. Ojo a eso. ÚTILES y agradables. No solo bonitas, no solo estéticamente apetecibles, sino también útiles.

El diseño de tu monográfico tiene que servir para algo. Tiene que ayudar al lector a encontrar la información y a asimilarla. Para eso tienes que usar normas a lo largo de todo el libro. Un ejemplo: todos los títulos tienen que tener el mismo tipo de letra y el mismo tamaño. Es una manera de decirle rápidamente al lector que eso es un tema que se separa del anterior, pero tiene la misma importancia.

Más ejemplos: usar siempre el mismo color o elemento gráfico para los textos destacados o para la información que se repite en los diferentes capítulos.

Cuantas más reglas y más claras las tengas, mejor. Cuanto más definas cómo quieres presentar la información y qué cosas son las que quieres destacar, infinitamente mejor.

Lo que la gente compra es tu manera de explicarlo

Hay tres millones de libros sobre cada temática. Está todo escrito y todo inventado. Y no pasa absolutamente nada.

Los conocimientos que viertes en tu monográfico son importantes, muy importantes. Pero lo más importante de todo es tu manera de contarlo, ordenarlo y presentarlo.

No sé si tuviste alguna vez un profe de esos que saben muchísimo, que son eminencias, pero que son absolutamente incapaces de explicar las cosas con claridad. Ellos lo ven tan fácil, tan transparente, que no saben ponerse en tu lugar. O quizás hayas tenido algún genio desordenado de esos que saltan de un tema a otro y no piensan en qué conceptos tienes que asimilar primero para comprender todo lo que te están contando.

No es mejor profe el que sabe más, sino el que sabe cómo explicar las cosas para que sus alumnos las entiendan.

Este es otro de los temas en los que insisto mucho, porque a los autores les suele dar pánico que los consideren expertos y normalmente les entra el síndrome del impostor. Pero, aunque los conocimientos son la base y son importantísimos, tu enfoque y tu manera de explicar las cosas son la clave para que tu libro funcione. Especialmente si es un monográfico sobre algo puntual y especializado.

Saca tu voz y tu manera de contar las cosas. Eso es lo que te va a ayudar a destacar.

Se parece mucho a cualquier otro tipo de libro

En resumen… un monográfico es como cualquier otro libro.

Solo tienes que recordar delimitar muchísimo el contenido y pensar en el lector. Ayudarlo con el diseño, organizar la información de una manera rápida de consumir y preparar unas normas para el resto de monográficos que vas a hacer a partir de ahora.

APUNTE: Colecciones de temporada

Si diseñas algo (joyería, ropa, punto, muebles…) y vas a sacar una colección de temporada, se aplican exactamente los mismos conceptos.

¿Una bufanda en tu colección de verano? No, claro que no. Pero tampoco ese diseño que tienes dando vueltas en la cabeza desde hace días y que te encanta, pero que es muy fluido mientras tus otras piezas son totalmente geométricas. Guarda esa idea brillante para otra colección.

¿Cocina? Pues también puede ser. Los platos que incluyas deben seguir un hilo conductor, que puede ser por el tipo de recetas, los ingredientes o la finalidad. Si el libro es de sopas, no incluyas guisos.

Los ingredientes o los materiales tienen que estar presentados siempre de la misma manera o con el mismo estilo. Los pasos importantes para la confección o preparación tienen que estar bien destacados. La maquetación tiene que destacar la realización del proyecto.

Y tenemos que leerte a ti, con tu personalidad, tu carácter y tu manera de explicar las cosas. Haz un esfuerzo por pensar en qué es lo que le va a costar a tu lector y prepara fotos y material gráfico si hace falta para ayudarlo con los pasos más complicados.

Si haces colecciones de temporadas, el tema del diseño es particularmente interesante. ¡Quieres que tu lector reconozca tu marca y tu publicación número a número! Dedica mucho tiempo a definir el orden y la jerarquía de la información y créate un plantilla para poder trabajar siempre con los mismos parámetros. Te facilitará la vida a ti y también a tu lector.

Pst. Pst.

Este mes va a salir a la venta mi libro para crear y publicar libros (metainformación al poder). Estoy muy nerviosa, pero si no lo escribo y me comprometo públicamente sé que no verá jamás la luz. ¡Atención a la newsletter!

Ah, y, por cierto, ¿has visto que tienes una masterclass sobre cómo publicar un libro? Me vas a ver en todo mi esplendor (y un poco muerta de vergüenza) contándote todo lo que hay que saber para escribir y publicar. Ve a Servicios y deja tus datos para verla. Toda crítica constructiva será bien recibida.

Paula
Paula
paula@demodebooks.com

Soy la mitad de Demodé, pero también soy escritora, traductora, profe y futbolera. Prefiero un buen vermut a una merienda dulce, los gatos a los perros y dormir a madrugar. Soy caótica, desordenada y adicta al cine, la ciencia ficción y las artes marciales.

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