Cómo deshacerte de la parálisis por perfección

La primera vez que oí hablar de perfection paralysis me dio un poco la risa. Mira que nos gusta crear etiquetas y conceptos nuevos a partir de nada. Y es que siempre había tenido la sospecha de que el perfeccionismo no existía. O por lo menos no existía en mi ambiente. ¿Parálisis por perfección (o parálisis por análisis, que es como más divertido)? ¿Quién se pasa horas y horas puliendo algo hasta que esté perfecto? ¡Si todos tenemos fechas de entrega! ¿Quién se puede permitir parar y no hacer nada?

Y es que lo tenía mal entendido. Porque, es verdad, yo no soy perfeccionista para nada en mi vida personal. Ni siquiera soy perfeccionista en el trabajo. Pero porque hasta ahora, aunque trabajaba por cuenta propia, el trabajo era ajeno.

Cuando montamos Demodé, me di cuenta de que no solo soy perfeccionista, sino que me paralizo totalmente cuando tengo que hacer y lanzar algo (ejem, ejem, ese libro mío que llevaba un año esperando sus quince minutos de fama). Le doy mil vueltas. Me lo vuelvo a leer. Le pido opinión a alguien. Busco un artículo más para complementar lo que he escrito. Me documento por encima de mis posibilidades. No estoy segura. Creo que las huestes de haters y trols se van a dar un banquete en mi honor.

Y me he dado cuenta de que no soy la única. Es un problema bastante habitual entre escritores, particularmente entre escritores que se enfrentan a su primer libro.

¿CÓMO NOTAS QUE TIENES PARÁLISIS POR PERFECCIÓN?

El síntoma más claro es este: quieres hacer algo, pero no haces nada. Te engañas a ti mismo diciendo que este no es el momento, que quizás mañana, que tienes muchas cosas que hacer, que no tienes tiempo, que cuando leas un artículo más, que el domingo por la mañana, que cuando dejes de tener la gripe, que cuando los niños sean mayores. Que cuando llegue la inspiración.

Pero también puede que tengas un montón de proyectos, que sepas qué quieres contar, que te imagines lo bien que te va a ir, pero que todo este únicamente en tu cabeza. Que no haya nada físico ni ningún plan que apunte hacia todas esas ideas increíbles que tienes en el cerebro.

O, mi favorito, empiezas a hacer lo que quieres hacer, pero mientras lo estás haciendo y antes de lanzarte del todo, te documentas. Lees, consultas blogs, compras libros, haces cursos. Estás convencido de que lo harás mucho mejor si lees un poco más, si hablas con alguien más, si sabes un poco más. Así que no pones toda la carne en el asador, porque siempre hay algo que te retrasa.

¿POR QUÉ NOS PASA ESTO?

Pues porque somos inseguros. No, no somos perfeccionistas, que suena infinitamente mejor. Somos inseguros porque estamos haciendo algo que no controlamos, no dominamos y no sabemos cómo va a salir.

En otros aspectos de nuestra vida somos normales. No dudamos al hacer, no sé, una tortilla de patatas. Porque sabemos cómo se hace, sabemos cuál va a ser el resultado y no tenemos miedo. ¿Qué pasa si sale mal? Pues nada, que nos la comeremos igual. Aunque se desmonte, aunque quede un poco seca, aunque le falte sal. Nos da lo mismo.

El problema es cuando hacemos algo que nos importa y que queremos que salga bien. Algo que va a llevar nuestro nombre. Una cosa nueva para nosotros, diferente. Algo que deseamos con todas nuestras fuerzas que funcione.

Ahí surge la inseguridad y detrás viene, galopando con las crines al viento, la parálisis. Porque no tendremos que enfrentarnos al resultado si no acabamos nunca lo que estamos haciendo. Podremos seguir viviendo en nuestro mundo de fantasía y pensar que cuando leamos un artículo más, tengamos una semana menos ocupada y lo hayamos pensado un poco mejor, podremos terminarlo.

¿QUÉ HACEMOS PARA ENFRENTARNOS A LA PARÁLISIS?

El primer paso, como todo, es admitirlo. Que en este caso se traduce en haber movido enfáticamente la cabeza varias veces mientras leías este post. ¿Te ha pasado? Pues vamos a ver qué podemos hacer para solucionarlo.

  1. Oblígate a sentarte a trabajar. El momento perfecto no existe. Si no empiezas a trabajar ahora mismo en ese libro, no vas a escribirlo nunca. Bloquéate un rato para escribir y cumple con tu obligación a rajatabla. De hecho, un horario es lo mejor que puedes hacer si quieres escribir algo de una vez por todas.
  2. Ponte objetivos chorras. Cuando veas que empiezas a procrastinar y a ponerte excusas, ponte un objetivo tan ridículo que sea imposible no conseguirlo. No pienses en escribir un capítulo, piensa en escribir cinco minutos. O en escribir dos frases. Algo que sepas que puedes conseguir. Muchas veces, lo que más nos cuesta es empezar. Un objetivo sencillo hace que ponerte a trabajar no te genere ansiedad. Lo más probable es que una vez hayas hecho las dos frases te vengas arriba y pienses que hoy te vas a estirar y vas a escribir diez. Y poco a poco irás aumentando la dedicación.
  3. Crea un sistema de tareas y de fechas de entrega. Para ti mismo. Ponte un plazo determinado para hacer una cosa. Y solo esa cosa. Empiézala, trabaja y termínala. No te des más tiempo. No te permitas procrastinar. Haz un buen trabajo con el tiempo y los recursos que tienes en este momento. Avanza.
  4. Empieza a entregar, lanzar o publicar cosas que no están bien. Hazlo conscientemente. Por aquí lanzamos una serie de adviento que dio un poco de risa (o de pena, según se mire). Lo probamos. Vimos cuál era el proceso técnico. Jugamos un poco. Lanzamos algo que podría haber sido mejor. Y eso hace que queramos mejorarlo. Que sepamos qué cosas hay que cambiar para la próxima entrega. Es un proceso de prueba y error. Y hay que hacer pruebas. Nada es tan terrible ni tan definitivo como crees. Saca a la luz cosas que sabes que no son tus mejores trabajos. Acostúmbrate a recibir feedback. A aprender haciendo, que es infinitamente mejor que aprender leyendo o escuchando.
  5. No te compares. Mientras estés escribiendo tu libro, no mires lo que hacen los demás. No te compares con nadie. No abras blogs de gente que hace lo mismo que tú. Ni compres libros, ni hagas cursos. No te pongas presión. Hazlo lo mejor que puedas con los conocimientos y las habilidades que tienes. Esa es tu única obligación.
  6. Aprende que la perfección no existe. Aunque a veces en Instagram parezca que sí. No vas a escribir un libro perfecto. Tu proyecto no va a ser perfecto. Y no pasa nada. Puedes corregirlo más adelante. O no. Quizás las imperfecciones te ayuden a seguir adelante, a aprender más, a conocer gente. Si todos fuésemos perfectos, el mundo sería aburridísimo y dejaríamos de tener redes sociales donde hablar durante horas de errores, cabreos, meteduras de pata y… fútbol.

No te puedo dar muchos más consejos, porque yo sufro mucho de esto y estoy todavía en proceso de recuperación. De hecho, es un claro caso de “haz lo que digo y no lo que hago”. Pero, oye, aquí me tienes si te puedo echar una mano. Y estoy impaciente por saber cómo lo ves tú, dímelo en los comentarios.

Paula
Paula
paula@demodebooks.com

Soy la editora detrás de Demodé, pero también soy escritora, traductora, profe, tejedora y futbolera. Prefiero un buen vermut a una merienda dulce, los gatos a los perros y dormir a madrugar. Soy caótica, desordenada y adicta al cine, la ciencia ficción y las artes marciales.

2 Comments
  • Dolors
    Posted at 19:27h, 16 febrero Responder

    Paula! felicitats pel teu llibre, pel casament i per aquest darrer post, amb el que no em puc sentir més identificada. Quanta veritat, noia! Com ho veig jo? si t’agrada escriure, escriu. Sense pensar en ningú ni en res més que en el que a tu t’agradaria llegir. Escriu i acaba la teva obra pel pur plaer de crear-la. Una abraçada!

    • Demodé
      Demodé
      Posted at 11:10h, 18 febrero Responder

      Moltes gràcies, Dolors! Sí, sí, hauria de ser així: fes el que t’agrada fer i no hi donis tantes voltes… Però com ens costa!!! Petonàs, bonica!

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