El precio de los libros

Fui de las primeras en abrazar el concepto del libro digital. Enseguida. Me encanta la tecnología y me pareció que era una noticia maravillosa. Llené el ordenador de libros descargables y en cuanto pude (tras dejarme durante varios meses los ojos con el lector del teléfono móvil) me compré un Kindle para almacenar libros como si se fuera a acabar el mundo.

Pero, como casi todos, enseguida encontré una pega: ¿por qué los libros no bajaban drásticamente de precio? ¿Por qué tenía que seguir pagando más de 10 euros por libro, y en ocasiones hasta más de 20, si los costes de las editoriales habían caído en picado al perder la impresión y la distribución?

Confieso que estuve concentrada en eso (y bastante enfurruñada) durante muchos meses. Incluso años. Y luego empecé a escribir y a editar yo misma.

No voy a hacerte una lista exhaustiva de lo que cuesta hacer un libro. Eso lo dejo para otro día. Ni voy a defender que cada uno de los profesionales que trabajan con el libro se merece cobrar un sueldo digno (sea escritor, corrector, maquetador o editor). Tampoco te voy a contar el porcentaje que se queda el autor de cada libro vendido en una editorial tradicional, ni voy a llorar porque la mayor parte de los autores en español no pueden vivir únicamente de escribir.

De todo eso ya iremos hablando, porque también es importante, pero no es lo que te quiero contar hoy.

Hoy te voy a hablar de una revelación que tuve hace unos cuantos meses al pensar en los libros, en su precio y en su valor.

No compramos papel

Me estaba duchando (es en la ducha donde tengo la mayor parte de mis revelaciones. ¿Y tú?) cuando de repente entendí una cosa básica: yo no compro el soporte físico del libro.

Es decir, no compro los pliegos de papel, ni compro una portada dura o blanda. Me da igual en qué formato venga el libro, porque lo que compro es lo que hay dentro. Compro las historias, las risas y los momentos de lagrimilla. Compro los conocimientos del autor, el tiempo y el esfuerzo que ha invertido en aprender lo que me cuenta. Quiero esos contenidos ordenados y bien escritos que me van a enseñar, emocionar o interesar.

Evidentemente, sí, hay ediciones preciosas. Y en ese caso quizás pague el papel y la portada porque me interesa el objeto en sí, pero, en líneas generales, lo que compro es lo que contiene, no el formato en el que lo compro.

Si fuesen plátanos, me daría igual que vinieran en bolsa de papel o sin bolsa (que estamos sin plástico últimamente, ya sabes), porque lo que quiero de verdad son los plátanos en sí, ¿no? (Con una cucharada de Nutella hecha en casa o una bola de helado de chocolate. Casero. Del libro de Miriam.)

El producto es el texto

Lo que te quiero decir con esto es que me he dado cuenta de una cosa que para mí ha sido clave: compro el contenido del libro. Que sea una descarga, un libro en papel o un audiolibro, no cambia la esencia: estoy comprando una obra que ha escrito alguien a quien me interesa leer o escuchar. Alguien a quien quiero conocer y que creo que me va a gustar.

Lo que esa persona ha escrito no pierde valor en función de cómo lo consumo. No tiene ningún sentido que me queje porque me cuesta lo mismo (o solo un poco menos) de lo que le costaría a alguien que lo comprara en otro formato.

Literatura rápida

Pero es que de la comida rápida pasamos a la moda rápida y ahora también a la literatura rápida. Hay libros por 3 euros o gratis en famosas plataformas de descarga que no valen para nada. Hay gente haciendo libros como churros reciclando material ya publicado o aprovechando textos de dominio público. Eso existe. Y lo que hace es crear la percepción de que hacer un libro no tiene ningún valor y de que cualquier cosa que pase de 5 euros es cara.

Pero también hay comida slow, moda slow y literatura slow. Porque, en realidad, es como salen las mejores cosas. Cociéndolas a fuego lento, con mucho cariño, repasándolas y tomándote muy en serio la responsabilidad de ofrecer un producto de calidad. Y, en ese caso, saco la cartera encantada para pagar lo que vale el trabajo de todos los implicados.

Lo que te quiero decir, quizás un poco torpemente, es que lo importante es el interior. Que un libro es una experiencia y que leerlo te regala emociones y conocimientos. Y que eso es lo que realmente importa. No el papel o el espacio físico que ocupa en la estantería. Un libro es una puerta a la manera de pensar y de ordenar el mundo de su autor. Y a mí me gustan los autores.

 

Paula
Paula
paula@demodebooks.com

Soy la editora detrás de Demodé, pero también soy escritora, traductora, profe, tejedora y futbolera. Prefiero un buen vermut a una merienda dulce, los gatos a los perros y dormir a madrugar. Soy caótica, desordenada y adicta al cine, la ciencia ficción y las artes marciales.

No Comments

Post A Comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas una mejor experiencia como usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies