Sales de baño DIY

Ah, la bañera. La piscina de los pobres, el jacuzi del pueblo llano. La masa de agua con la que nos conformamos hasta que nos toque la lotería o nos liemos a estafar como la otra mitad del país. La bañera.

No, no la llenamos a menudo para no acabar con el agua de los pantanos ni causar otras hecatombes ecológicas, pero de vez en cuando nos damos un capricho, abrimos el grifo a tope y le ponemos aunque sea un buen chorro de gel para que eso haga espuma y nos dé la sensación de estar en un spa de los caros, con toallas blancas y esponjosas y no esas que parecen papel de lija después de tanto lavarlas.

¿Y sabes qué? Nos merecemos eso y más. Nos merecemos llenar la bañera, bajar las luces, poner música, cerrar la puerta y hasta hacernos las uñas de los pies. Y nos merecemos algo más que la espuma del gel del súper: nos merecemos un tratamiento que realmente nos deje descansadas y nos haga salir de buen humor del baño, con el cuerpo ligero y ya medio dormidas, listas para ir a tumbarnos a la bartola al sofá durante el resto de la noche.

Así que prepárate, que nos vamos a hacer un buen bol de sales de baño. Y las vamos a esconder entre la ropa interior fea, para que nadie las encuentre. Que luego toda la familia cree que se las merece también, y no. Ya decidirás tú si quieres compartirlas y con quién.

¿Qué son las sales de baño? ¿Sirven de algo?

Me encanta que me preguntes esto. Porque yo también me lo pregunté y estuve investigando. Y nada me gusta más que hacerme la lista y contártelo.

Las sales de baño suelen ser una mezcla de sal común (cloruro sódico) y sal Epsom (sulfato de magnesio). Y no te voy a soltar un rollo químico complicado, básicamente porque soy un cero a la izquierda en química. Con lo que disfruté en mi día con el Quimicefa. Pero vaya, la sal común no tiene ninguna propiedad extraordinaria, salvo la de suavizar un poco el agua y descalcificarla, cosa que hace que sea más suave con la piel. Pero el sulfato de magnesio sí que tiene propiedades especiales. Es antiinflamatorio y relajante y mejora la circulación sanguínea, así que es particularmente práctico para hacer baños de piernas o pies cansados o, directamente, de todo el cuerpo.

Así que sí, sirven de algo. Ayudan a relajar y reducir la inflamación y las molestias del cuerpo, particularmente después de un día duro de… no sé, empinar el codo o bricolajear empinando el codo o tejer. Que nadie valora el esfuerzo que hacen las tejedoras con los dedos.

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Y como ya sabes que a nosotras lo que más nos gusta es hacer la versión casera de todo, te traemos una forma fácil, rápida y muy barata de hacerte tus propias sales de baño. De nada.

¿Qué necesitas?

-Una taza de sulfato de magnesio (de venta en tiendas de cosmética natural)

-Una taza de sal gruesa

-Aceites esenciales

-Aceite de almendras dulces (opcional)

-Colorante alimentario (opcional)

-Hojas o flores secas (opcional)

¿Cómo lo hacemos?

La base de nuestras sales de baño son el sulfato de magnesio y la sal gruesa, que tienes que mezclar. Podrías usar también sal fina sin problemas, pero no nos gusta tanto la textura y se apelmaza más fácilmente.

Una vez tengas las sales mezcladas, tienes que añadirle unas gotas de aceites esenciales. Nuestra mezcla favorita es la de cedro y lavanda, un par de gotitas de cada, pero puedes usar cualquier aceite relajante, como enebro, naranja, bergamota, jazmín, manzanilla, sándalo…

Recuerda que los aceites esenciales tienen que usarse en muy poca cantidad, porque su aplicación directa sobre la piel puede quemarte. La mejor manera de repartirlos bien es meter tus sales en un bote o una bolsa de papel, poner los aceites, cerrar y sacudir con fuerza.

Esta sería tu mezcla básica, pero puedes complicarla tanto como quieras. Le puedes añadir un poco de aceite de almendras dulces (o aceite de oliva o de coco) para hacerla un poco más líquida y usarla también como exfoliante. Puedes añadirle colorante alimentario si quieres acompañar el aroma de la lavanda del color lila tan característico, por ejemplo, o mezclar flores secas de lavanda directamente. Lo mejor de estas sales de baño es que las puedes personalizar como tú quieras.

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Yo no soy muy partidaria de poner nada más, salvo flores de caléndula algunas veces, porque en casa tenemos todos problemas de piel y la caléndula es estupenda para evitar brotes y reacciones. Pero es verdad que los botes quedan preciosos con hojas y flores secas mezcladas.

Hala, venga, corre a llenar la bañera y échale un puñado de sales caseras. Ten la precaución de guardar las que te sobren en un bote que cierre herméticamente, porque, si no, la humedad del baño puede acabar convirtiendo tus sales en una roca.

Te dejo ya, que creo que la piscina de los pobres me llama. No podré hacer largos, pero pienso echar la siesta.

Paula
Paula
paula@demodebooks.com

Soy la editora detrás de Demodé, pero también soy escritora, traductora, profe, tejedora y futbolera. Prefiero un buen vermut a una merienda dulce, los gatos a los perros y dormir a madrugar. Soy caótica, desordenada y adicta al cine, la ciencia ficción y las artes marciales.

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